La Literatura como línea transversal en Programas de Diseño

Profesional en Estudios Literarios
Mg en Educación
Consejera Distrital de Cultura
Directora de Investigación Corporación Universitaria Taller Cinco

Los docentes que poseen una vívida conciencia del mundo que los rodea, procurarán desarrollar las dotes sensoriales del alumno, para que este pueda obtener el mayor goce posible del sonido, el color y el ritmo de la vida y la literatura.

Louise Rosenblatt

 

Resumen

Los jóvenes que ingresan a los Programas de Diseño poseen un instinto lúdico que, si es desarrollado ampliamente, consolidará el surgimiento de una comprensión de contenidos creativos más complejos. Aquí cabe resaltar la importancia del trabajo que desde la universidad puede aportarse a este tipo de conocimiento, que incluye desde la recepción de textos literarios hasta la creación de los mismos.

Pensar en una línea transversal de Literatura en pregrado, particularmente en una escuela de Diseño, se plantea como un espacio de intercambio de lecturas en el cual el docente es el mediador a través de prácticas de escritura centradas en metodologías de taller que enfaticen en la invención y la creatividad. Teniendo aquí en cuenta la experiencia estética, se propone trabajar en la formación de lectores y en una práctica de escritura literaria. Las estrategias pueden partir de varias maneras, incluso de las formas en las cuales los docentes-lectores y docentes-escritores se dirigen hacia la literatura. Y otras que partirán del canon o de formas tradicionales; y otras más, que serán inventadas en las diversas didácticas.

Cabe aclarar que lo que se trabaja pedagógicamente con la literatura son diversos tipos de texto (escritos, audiovisuales, impresos, digitales). Sin embargo, antes de centrarnos en algún tipo de didáctica literaria, es necesario preguntarnos por los aprendizajes de la Literatura que se pueden analizar en el desarrollo de productos de Diseño.  Es importante retomar la idea de la “pedagogía de la imaginación”, ya que se plantea, ante todo, un aprendizaje experiencial. La universidad cumple entonces una función mediadora que permite una práctica de lo imaginario, un aprendizaje frecuente hacia la exploración de la imaginación creadora.

Una visión pedagógica de la imaginación

Se retoma entonces el tema de la imaginación creadora, para abordarlo desde un enfoque pedagógico. La investigadora Josette Jolibert ya había hablado de una “pedagogía de lo imaginario” “Si bien el imaginario es movilidad, ello no implica que sea pura divergencia, activismo creativo, desorden feliz: no trabaja con cualquier cosa, de cualquier manera. En lo más profundo está estructurado y es según su estructura que es operatorio en su originalidad propia” (1998: 56)

Se trata de una visión pedagógica de la imaginación creadora, ya que implica un pensamiento más elaborado, extrae elementos de lo imaginario, pero los organiza o asocia; es de nuestro interés cómo realiza esta asociación el estudiante universitario en su proceso de comprensión y producción literaria, cuando se encuentra en otras áreas del conocimiento. Para alcanzar la imaginación creadora en nuestros estudiantes, vale la pena activar una racionalidad estética y alimentar la acción de imaginar mediante la formación del gusto y la sensibilidad. Así, se abren las puertas a la percepción y se enriquece la capacidad de conocer.

A través de la imaginación creadora se puede hacer que los estudiantes, en este caso de Diseño, tengan una experiencia vital. Una pedagogía de la imaginación está más centrada en la experiencia estética que en una didáctica instrumental y que en una información disciplinaria o vinculada al conocimiento teórico de la lengua y al aprendizaje de las normas y estructuras.

Precisamente, se tienen en cuenta para la visión pedagógica literaria diversos aportes que se han realizado desde tres enfoques. Un primer enfoque tendría relación con las habilidades que, en este caso, están relacionadas con lo comunicativo y estético; es decir, algo que se ha determinado como competencia literaria. Cabe destacar esa proyección interna de la cual se habla en un segundo enfoque, ya que de los aspectos curriculares que se trabajan en una institución, variará el desempeño literario de los estudiantes. Por ello, vale la pena también concentrarse aún más en el docente, que es un mediador directo entre el estudiante y el texto.

Acercarse a la expresión literaria como práctica social, sería un tercer enfoque, más lo que está en juego son los procesos internos de la creación en la infancia, que de igual manera siempre estarán permeados por el contexto social y cultural. Aquí se traslada el concepto de didáctica literaria, cuyo objetivo es formar personas que se muestren competentes creativamente y se sientan capaces de comunicarse con otras personas en contextos significativamente culturales para ellas.

Hacia una “competencia literaria”

Esta es una visión de competencia en que se ven intrincadas las relaciones del estudiante consigo mismo, con el otro y con el contexto. Desde la imaginación, los lectores dan forma a mundos posibles y desde el intelecto interpretan y cuestionan las bases prácticas de lo real y lo relacionan con lo que conllevan las imágenes poéticas para tomar posición y expresar una visión argumentativa o crítica, así sea de su propia experiencia creativa.

Y luego, vale la pena plantear la pregunta de cuál es la competencia literaria que se pretende sustentar en un Programa de Diseño. Para esto, es importante retomar el carácter cultural e ideológico de la educación y definir herramientas que se conviertan en estrategias para abordar los tipos textuales en la universidad, no solamente como una forma de lectura en clase o un apoyo al área de la gramática. El aprendizaje desde la literatura, que más bien es un acercamiento a la misma, no se centra en dictar una clase, sino en plantearla como una labor de orientación y ampliación de los horizontes de la lectura y la escritura, apoyada en el proceso imaginativo, en el desarrollo de la interpretación, de la argumentación y de la libertad creadora, entendida como creación (lúdica) con las posibilidades del mundo.

Se propone cultivar la creatividad en conjunción con la dimensión lógica del pensamiento. La escritura es un proceso educativo de primer nivel y respecto a la literatura, las dos vindican la evolución cultural y cognitiva de los estudiantes.

Por último, el desarrollo del pensamiento desde la literatura en la universidad consiste en la conjugación de todos los procesos anteriores: simbolización, significación, expresión y comunicación; en juego con las estructuras y operaciones de procesos inferenciales y críticos. De este modo, en la propuesta se tienen en cuenta los pensamientos lógico, crítico y creativo, que repercutirán en sus productos de diseño. A partir de la lectura, y principalmente de la producción de textos literarios, se pueden generar estrategias pedagógicas que partan de todas las posibilidades de la significación; por ello, la conciencia de la complejidad del lenguaje, del mundo y del propio ser humano para crear textos con sentido.

La escritura desde un proceso interpretativo

La propuesta pedagógica se centra en la posibilidad de incluir la literatura dentro del ámbito del aula como un ámbito real dentro del lenguaje, como espacio de interpretación y aprendizaje, un aprendizaje no sesgado ni orientado simplemente a la forma o a la memoria, sino la puerta que abre otros aprendizajes de diversas asignaturas, en el ámbito del Diseño.

Este estudio se inclina por un proceso hermenéutico en el que se plantearían tres etapas: se inicia escribiendo a partir de una sensibilización apropiada –sin explicación o instrucción académica, sino con guía modelada- (preescritura), se continúa escribiendo, a partir de alguna lectura, conocimiento y comprensión de escritos literarios (escritura) y se concluye escribiendo en una etapa de reescritura. La propuesta sería escribir antes de ir al texto, durante y después del texto.

Si nos remontamos a la historia de la enseñanza de la literatura, esta se reservaba para aquellas personas con cualidades innatas para ello, se ubicaba, por tanto, en un ámbito social para “cierto” tipo de sujetos con una sensibilidad especial.  Desde el planteamiento de este estudio se considera al hecho literario como forma de expresión integral que puede abrir la experiencia de mundo de los jóvenes que leen –y escriben- textos literarios a través de la indagación, para descubrir en sus textos realidades que los llevan a una valoración crítica del mundo.

Se recuerda que se está hablando de un proceso de escritura que no puede darse en una sola clase, un día o un rato de ocio. Un mismo texto literario no se lee igual hoy que mañana y se sitúa en el contexto del lector, y en este caso, del autor.

Surge a su vez otra pregunta, ¿cómo se evaluaría una asignatura así, por ejemplo, en un texto poético? En el mundo de hoy, la unión entre pensar y poetizar se hace cada vez más necesaria. Esto permite que todos los saberes se fusionen de nuevo, “todos los saberes comienzan a vincularse, hasta tal punto que de nuevo la matemática se aproxima a la poesía, la ciencia se acerca al arte, como en los pueblos ancestrales.” (Rodríguez, 2010: 30).

Cuando se incita a los estudiantes hacia la escritura de textos literarios, el primer escrito del año no será leído, ni interpretado de igual manera al final del mismo. Ese es otro elemento enriquecedor de la escritura poética, modifica su experiencia según el contexto y el tiempo en que se lee.

Se requiere la literatura, en las aulas y en los patios de descanso. Se reclama en los espacios universitarios creativos una mirada poética. No se trata de hacer del ámbito pedagógico una academia de arte o de volver a los jóvenes diseñadores escritores. No sería tan simple. Se trata de tomar más en serio el tema de la imaginación como facultad creadora que conlleva procesos profundos de pensamiento.

Lo literario–visto como un espacio de interpretación- es una herramienta real que puede ser parte de los proyectos pedagógicos de los docentes. Acercar la poesía a la vida universitaria, dejar que baje de esa ilusión en que los únicos que pueden acceder a ella son seres privilegiados o extraños, y aprehenderla en las actividades dentro y fuera del aula, es algo posible y tangible.

 

De esta propuesta se desprende una segunda: el trabajo directo con la literatura. Los jóvenes realizan actos de creatividad no solamente en algunas ocasiones, fechas especiales o eventos culturales; sino en sus clases diarias, conversaciones y aprendizajes. Son capaces de comprender lo creativo porque en medio de su realidad está presente todo el tiempo. No se apunta hacia la imaginación como un don, ni como algo que se activa de vez en cuando. Tampoco se piensa la imaginación como simple percepción física de algo que se observa, ni como el estado perdido de la infancia. Es claro en esta propuesta que la imaginación creadora es la facultad por excelencia, que se involucra en cualquier área del conocimiento y que, además, sirve de puente entre algunas de ellas.

Entonces, también la visión de lo literario como algo alcanzado por los escritores solamente o como un estado sublime, cambia. Está en el entorno de los estudiantes. Aprender a crear es aprender a observar. Traspasar el percibir para llegar a interpretar.

Todo esto tiene que ver con la formación, ya que un docente que se arriesga a trabajar lo literario de esta manera, sabe que todo contenido que transmita es asumido por el joven de una forma creadora. La creación literaria no se refiere simplemente a la lectura o la escritura de textos, sino a la lectura de mundos y a la escritura como modo de comprensión de lo esencial de las cosas, los otros y del estudiante como creador mismo.

  • Bachelard, G (2002). La poética de la ensoñación, México: FDE.
  • Jolibert, J (2001). Formar niños lectores y productores de poemas. Buenos Aires: Domen ediciones.
  • Rodríguez Pérez, E (2006). Una reflexión desde la experiencia: pedagogía, literatura y competencias, en Revista Enunciación, No. 10. Bogotá, Universidad Distrital Francisco José de Caldas.
  • Rosenblatt, L (1998). La literatura como exploración, México: FDE.

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