Prospectiva del Diseño

Decano del Programa de Doseño Gráfico – Universidad Jorge Tadeo Lozano
Es Arquitecto, con PhD en Ingeniería Multimedia, UPC Barcelona, España.
Se desempeño como rector en la Universidad de Caldas.
Fue director del Festival Internacional de la Imagen, evento especializado en creación audiovisual, artes electrónicas y cultura digital que se realiza en Manizales. Además trabaja como curador de los programas de cine y Digital y de las Muestras Monográficas de Media Art que se han proyectado en varios eventos internacionales.

Presentación

El presente documento consigna una serie de consideraciones relacionadas con el diseño en el contexto colombiano y específicamente, sobre la prospectiva del diseño en el universo contemporáneo. Para ello, es importante hacer una revisión teórica sobre lo que significa el diseño hoy en diferentes ámbitos y principalmente en nuestro contexto por el gran impulso que ha tomado en los últimos años gracias a políticas nacionales como los de la Economía Naranja en Colombia, y algunas similares en otros países del mundo. Los países en desarrollo se han visto afectados por los adelantos de las redes y las tecnologías que revolucionan todos los procesos productivos y culturales desde la agricultura y la salud, hasta la economía y la vida cotidiana de las comunidades.

En Colombia comienzan a surgir centros especializados en el marco de lo que hoy se conoce como la Cuarta Revolución Industrial, y empresas y organizaciones vinculan a personas con conocimientos especializados que propongan acciones creativas para innovar en perspectiva con lo que exige hoy el mundo globalizado. Y es precisamente en este contexto en donde el diseño adquiere un valor absolutamente protagónico. Como bien lo han anotado diferentes estudios, el diseño actual ya no se puede limitar a lo instrumental del diseño de productos o a procesos de comunicación gráfica en diferentes medios, como tradicionalmente se ha implementado, sino que su enfoque deriva hacia otros temas relacionados con la construcción de “otros” mundos, como lo enuncia Arturo Escobar (2016), que nos impliquen en una mayor reflexión del deber ser en la sociedad, como también una mayor participación e interacción con el otro y los otros, porque el diseño tiene la capacidad de motivar en el sujeto y en las colectividades, diversas aventuras intelectuales que incentiven más el acercamiento que el alejamiento, el aprendizaje que la desinformación, las asociaciones que las disociaciones, las apropiaciones que el distanciamiento, para lograr que el papel del diseño, en un mundo cambiante y complejo, sea realmente transformador y este acorde a las demandas sociales y medioambientales. Por ello, las habilidades, principios y prácticas del diseño han evolucionado, y el diseño se concibe hoy como un acto de pensar el mundo, como un proceso que motiva la percepción activa a través de la deliberación y la puesta en común.

El diseño, bajo este enfoque, se convierte en instrumento de cambio, mediante el uso del conocimiento abierto y distribuido, que posibilita mejorar las relaciones sociales, el aprendizaje colectivo, la ampliación de las capacidades cognitivas de los individuos, una mayor productividad de las empresas con responsabilidad humana y ambiental, y más innovación en los procesos, pues su escala de actuación se ha ampliado para relacionarse con otras disciplinas, otros saberes y otros ámbitos de actuación del diseño para las transiciones. Las instituciones de formación en diseño no pueden estar aisladas de estas dinámicas de cambio. En ellas recae la responsabilidad de indagar sobre los nuevos roles del diseño en una época de transformación de la sociedad, las industrias y la productividad, en ecologías ambientales y digitales integradas que requieren nuevas visiones, donde los nuevos profesionales entiendan su papel como mediadores y estén abiertos al cambio. Para ello será necesario explorar las diferentes habilidades, herramientas y tecnologías que hagan posible entregar nuevas ideas, bienes y servicios con mayor participación de los diferentes actores, para lograr soluciones adecuadas a las necesidades del contexto. En línea con otros estudios realizados en otros países, en Colombia será necesario preguntarse sobre la relación entre el diseño, las características y habilidades potenciales, y los resultados económicos, sociales y medioambientales, que desde allí se derivan, enfocándose en temas de mejoramiento social, productividad e innovación. En síntesis, será necesario pensar en el valor del diseño y en la forma como éste contribuye significativamente al desarrollo del país y de sus comunidades.

El Diseño y los procesos de transformación académica

La transformación de la educación en diseño ha sido una constante desde sus orígenes como disciplina profesional, en sus inicios en el siglo XX, puesto que la razón de ser del diseño es atender las necesidades y requerimientos de una sociedad en constante evolución. Por esto, los ajustes permanentes, tanto curriculares como metodológicas, son indispensables puesto que las estructuras institucionales en muchas ocasiones no corresponden a los rápidos cambios culturales que se convierte en retos para las nuevas generaciones. En un contexto más amplio, y según teóricos como Immanuel Wallerstein (2006), las Instituciones de Educación Superior han sufrido cambios profundos, al menos en tres momentos de la historia.

El primero de ellos, sucede en torno al año 1100, cuando las Universidades se fundan como una manera de recomponer la cultura que las invasiones germánicas ya habían anulado, y con un objetivo centrado en proteger un conocimiento revelado e incuestionable a través de prácticas hermenéuticas. En un segundo momento, la Universidad se integra a las dinámicas de la era industrial, y ello trae como consecuencia la conformación de disciplinas que dan respuestas a las necesidades de desarrollo de la industria y el comercio. La estructura de la universidad tal como la conocemos hoy, según Wallerstein, se creó a fines del siglo XIX. Paralelo a este surgimiento, se inicia una revolución científica que implica un cambio radical en el pensamiento, al introducir el método experimental de la ciencia. De esta forma, el progreso y la innovación se asocian con la ciencia y disciplinas como el Diseño deben responder a estas exigencias.

El Diseño, así como otras disciplinas profesionales, en estas circunstancias, se especializan instrumentalmente para otorgar títulos académicos, según la exigencia y los requerimientos del medio. Es en las dos últimas décadas que se habla de una Universidad de Tercera Generación, una nueva institución ligada a una sociedad que se caracteriza por la amplificación de las redes y los avances de las tecnologías de la información, lo cual implica un cambio profundo no solo por las nuevas formas de producción de conocimientos, sino principalmente por la rapidez con la que éstos conocimientos se intercambian. En un mundo donde una cantidad importante de personas y organizaciones tienen acceso a la información y a los datos a través de Internet de una manera casi instantánea, cada individuo o colectivo es también un agente que construye y reproduce información de manera simultánea.

De allí que las Instituciones Universitarias se transforman en espacios de diálogo e intercambio de saberes, tanto propios como universales, lo que les posibilita a las universidades, además, legitimar, verificar, compartir y potenciar los diversos conocimientos locales y globales en un mundo hiperconectado. Temas relacionados con la interculturalidad, el emprendimiento social, la responsabilidad social y ambiental, la innovación pública, la ciencia abierta, la alfabetización digital, etc., adquieren un valor, más allá de la tradicional producción de conocimientos. De ello se deriva el concepto de una Universidad centrada en las humanidades como eje transversal de los saberes, que indaga sobre las problemáticas locales y globales relacionadas con las amenazas a los ecosistemas, el cambio climático, las desigualdades sociales, la pobreza, el hambre, las migraciones, los conflictos políticos, la productividad de los países, entre otras, a la luz de los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS), promulgados por la UNESCO. Para J.G. Wissema, la Universidad de Tercera Generación (3GU Third Generation University), se caracteriza por cuatro cambios fundamentales: 1. Cambio de contexto: Las Instituciones de Formación Superior se vinculan a una globalización mediada, cada vez más, por la tecnología. Ello significa que el conocimiento y la tecnología se vuelven fundamentales para la relación con la sociedad y el mercado. Los espacios académicos son centros de pensamiento vinculados a los avances de las tecnologías y al mercado de la red. 2. Cambio de propósitos: El conocimiento, según Wissema, se convierte en un producto intercambiable, a través de emprendimientos y spin-offs. La propiedad intelectual de su comunidad académica es un activo y un recurso importante para la incubación de nuevas empresas. 3. Cambio en las relaciones: En esta línea, los vínculos interuniversitarios se fortalecen, en un contexto globalizado, con las asociaciones que integran empresas, gobierno, academia y comunidad. Y ello promueve la creación de equipos interdisciplinarios enfocados en áreas específicas. 4. Cambio de estrategias: Por último, una universidad de tercera generación, afirma Wissema, ya no se dedica en exclusiva a profesionalizar y a investigar, sino que, además, establece alianzas con empresas y promueve la transferencia y la apropiación social del conocimiento. Las instituciones se observan en red con otras universidades, con las empresas, con el Estado, y se transforman sus fuentes de financiación.

Es en el ámbito de los cambios anteriormente descritos donde el diseño se convierte en un actor esencial para la dinámica de vida universitaria. El conocimiento científico, vinculado a la ciencia y la tecnología, dialoga con la sensibilidad creativa propia de las artes y el diseño. Y la tecnología se convierte en el soporte para el intercambio colaborativo y la conformación de las comunidades de práctica. El diseño, la cultura, el arte y las humanidades se constituyen en un sistema de valores que permite construir un desarrollo sostenible, tomando en cuenta visiones alternativas para observar las problemáticas tradicionales que, en otras ocasiones, sólo han sido estudiadas desde las ciencias exactas y naturales.

En este sentido, la cultura, el diseño y la creación participan en laboratorios abiertos, interdisciplinarios y participativos para desarrollar una nueva investigación que propicia, a través de métodos innovadores, la renovación permanente del saber como un tejido colectivo que se construye permanentemente respetando la tradición anterior, con acciones en el presente y que posibilitan el bienestar a las nuevas generaciones.

Las relaciones Diseño, Economía y Sociedad

Otro aspecto que se convierte en fundamental a la hora de analizar los procesos de formación en Diseño, es el papel que cumple este campo de conocimiento en el contexto de la economía y la sociedad. De acuerdo con el documento “Designing the Future Economy”, realizado por el Design Council de Gran Bretaña en febrero de 2018, el diseño cumple un rol fundamental en la economía futura, sobre todo por tres razones:

  1. El diseño permite conocer, de una manera más profunda, sobre las necesidades de las personas. Como en su momento lo enfatizó Gyorgy Kepes (1969), lo central del diseño es reconciliar al ser humano con su entorno, y ello hace que las personas sean el centro de los procesos proyectuales que el diseño realice, en los ámbitos del desarrollo de servicios, los sistemas o los productos. De esta manera, describe el Informe, los desarrollos tecnológicos que utilizan habilidades y principios de diseño, tienen más probabilidades de tener éxito en el mercado e impactar positivamente en la vida de las personas.
  2. El diseño impulsa innovaciones disruptivas y tiene la capacidad de transformar las percepciones y los hábitos. Esto contribuye, según el Informe, a crear nuevos mercados y ampliar los ámbitos de lo posible para crear la economía del futuro, ofreciendo alternativas de vida más gratificantes, creativas e interesantes para las comunidades.
  3. También se hace un especial énfasis en que el diseño actual no se limita a sectores específicos, sino que sus habilidades, principios y prácticas pueden ser extrapolables a otros sectores de la economía. El Design Council de Gran Bretaña demuestra, en el Informe, como las empresas y organizaciones innovadoras requieren de diseñadores para impulsar trabajos en equipo, innovaciones en procesos y productos, creatividad innata y flexibilidad en proyectos. En síntesis, afirma que las empresas innovadoras del mañana necesitan de las habilidades del Diseño.

Diseño, interculturalidad y co-creación

El papel que cumple el diseño en el contexto de un mundo globalizado, un medio ambiente amenazado y una sociedad desigual, requiere pensar estrategias que desde la cultura fomenten la co-creación intercultural, para integrar diversidad de conocimientos y dimensionar la complejidad de lo local, con acciones sostenibles que posibiliten la participación colectiva. Esto implica nuevos retos para el diseño y los investigadores, quienes desde una visión crítica de sostenibilidad integral, deberán vincular la cultura como sistema de valores para la apropiación de conocimientos, la cooperación, el trabajo colaborativo, las comunidades de práctica, el emprendimiento social y la inclusión, lo que posibilitaría un modelo prospectivo ético y auténticamente sostenible del quehacer profesional del diseñador en la contemporaneidad.

A la luz de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que propenden en general por el bienestar humano de las naciones, la paz, la equidad, la salud, la alimentación, la educación de calidad, las oportunidades y el empleo, la energía y el consumo responsable, entre otros objetivos, se observa a la cultura como el eje transversal y es allí donde el papel del diseño y la creación, pueden contribuir de manera significativa para la búsqueda de soluciones integrales a los problemas de las poblaciones en contextos culturales específicos. Las investigaciones aplicadas y transformadoras, que implementen metodologías proyectuales desde el pensamiento estratégico del diseño, son opciones que desde la cultura posibilitan nuevas exploraciones para considerar a la cultura desde diferentes perspectivas:

  • Cultura, ética y solidaridad para la reconstrucción de la memoria
  • Cultura para la creación de ciudadanía responsable
  • Cultura para el impulso al emprendimiento de las industrias creativas
  • Cultura para la equidad, la inclusión y la justicia social
  • Cultura como herramienta transformadora para la paz
  • Cultura, historia y naturaleza
  • Cultura para la democracia participativa
  • Cultura que se construye colectivamente para mejorar la habitabilidad y la interacción social

Los objetivos del milenio requieren de una visión integradora, como lo propuesto en el Congreso Internacional de Hangzhou (China) en mayo del 2013, que reconoce: “…el papel de la cultura como sistema de valores y como recurso y marco para construir un desarrollo auténticamente sostenible, la necesidad de aprender de las experiencias de las generaciones pasadas y el reconocimiento de la cultura como parte del patrimonio común y local y como fuente de creatividad y de renovación”.

De allí que, para un futuro posible del diseño como creador de mundos, se deben observar los ODS desde la cultura, como la dimensión cualitativa que posibilitaría:

  • Integralidad del desarrollo sostenible desde la cultura como recurso relacional.
  • Implementación de procesos adaptativos de las culturas vivas.
  • Nuevos indicadores de vitalidad cultural para dar significado a la innovación.
  • Nuevas políticas de cultura nacional y local con una visión más orgánica y ecosistémica.

Las “Humanidades Digitales” generan transiciones, nuevas relaciones y redes, que desde propósitos comunes se presentan como acciones sistémicas de diseño para mejorar las interacciones desde la complejidad de lo local con perspectiva global. Nuevos indicadores de vitalidad cultural darían significado a la innovación para comprender el valor de la relación entre políticas globales, nacionales y locales con una visión más orgánica entre los sectores involucrados. La co-creación intercultural se da a través del diálogo significativo con los diferentes, para compartir, aceptar, negar, complementar y dar cuenta del establecimiento de relaciones simbólicas entre diferentes matrices culturales.

La interculturalidad no se trata tanto de diversidad o pluralidad de culturas o de disciplinas, sino de vínculos estructurales armónicos entre diferentes interacciones ideológicas, dando lugar a la configuración de una red plural emergente como en un proceso recíproco de sentimiento, de pensamiento y de acción colectiva. Las memorias colectivas funcionan como puentes que se entrelazan en los encuentros interculturales, como lugares posibles que permanecen y generan conexiones y diversos caminos que emergen desde lugares de resistencia, formas de colaboración y medios de ruptura de las relaciones hegemónicas, creaciones integradas de diversas culturas y conocimientos compartidos de colaboración intercultural, interdisciplinar e intergeneracional. El aporte de las industrias culturales y creativas como herramientas transformadoras permite relacionar a las personas con la historia y la naturaleza en procesos de construcción colectiva, porque la urgencia en el ambiente es también de la humanidad y la cultura.

Nuevas habilidades necesarias en los procesos de formación en Diseño

En una perspectiva convencional, la educación en Diseño requiere cultivar habilidades que sean útiles para su práctica profesional. Diversos estudios, como los MartínezVillagrasa (2019), Alles (2009), Kumar (2012), entre otros, indagan sobre las “competencias creativas” del Diseño, que puedan ser medibles, cuantificables y promovibles durante el ejercicio profesional. Específicamente, para el estudio desarrollado por el Decoding Design Process, en colaboración con el Bullifoundation, se realizan entrevistas a diseñadores e ingenieros de diseño con el objetivo de identificar las competencias comunes en sus procesos creativos, se llevan a cabo estudios de caso y se realizan tres Creative Challenge para identificar de manera cualitativa los comportamientos concretos que muestran la puesta en práctica de dichas competencias, y se desarrolla la Creative Decoding Tool, una herramienta online que permite mapear las competencias a escala internacional.

Según lo presenta Beatriz Martínez-Villagrasa, las competencias creativas que determina el estudio son: 1. Aprendizaje (Curiosidad; Interiorización de Conocimientos) 2. Sensibilidad Estética (Apreciación Estética; Criterio Estético) 3. Trabajo en Equipo (Delegación; Tolerancia) 4. Pensamiento Crítico (Cuestionamiento; Proposición de mejoras) 5. Comunicación Oral (Planificación; Carisma) 6. Sensibilidad Social y Ecológica (Conciencia; Compromiso) 7. Autonomía (Autogestión; Iniciativa) 8. Liderazgo (Visión Estratégica; Motivación) 9. Investigación (Búsqueda de Información; Experimentación) 10.Innovación (Originalidad; Realización)

Muchas de las anteriores competencias, coinciden con las habilidades más importantes en todas las ocupaciones del Diseño, descritas en el documento “Designing the Future Economy” (2018). Entre estas otras, se destacan: 1. El conocimiento de técnicas de diseño, herramientas y principios relacionados con la producción de planos, modelos y prototipos. 2. La comprensión de la programación de software para diversos fines. 3. El conocimiento de la aplicación práctica de la ingeniería científica y tecnológica. 4. El conocimiento de la teoría y técnicas requeridas para componer, producir e interpretar obras de música, danza, artes visuales, teatro y escultura. 5. Generar o adaptar equipos y tecnologías para satisfacer las necesidades de los usuarios. 6. El conocimiento de materiales, métodos y herramientas involucradas en la construcción o reparación de obras de arte o prototipos. Además de las anteriores, se anotan habilidades vinculadas con la visualización de datos, el conocimiento de las geografías de los lugares, el pensamiento creativo y la interacción con los sistemas de información y las redes.

La estructura del currículo para un Diseño Transformador

Las anteriores competencias y habilidades son fundamentales para generar la estructura general de los entornos académicos y profesionales del diseño, reconocidos en las cuatro “eras” que menciona Christopher Jones (1978): la era de la evolución artesanal, la del diseño a través del dibujo, la era del sistema de diseño y la era del cambio tecnológico o de la innovación socio-técnica (Chacón Marroquín, 2017). Sin embargo, ellas se quedan cortas para entender las lógicas del diseño del siglo XXI y sus traslados a los nuevos territorios de la acción. Julier, Krippendorff y Buchanan “coinciden en que el diseño abandonó la antigua concepción disciplinar, subordinada a la lógica de producción masiva de objetos, por soluciones más intangibles”. (Arbeláez, 2016).

En la misma línea, Arturo Escobar, en su obra “AUTONOMÍA Y DISEÑO: la realización de lo comunal” Universidad del Cauca, 2016), afirma la posibilidad de ubicar la autonomía en el centro del Diseño, es decir, reorientar el Diseño para que sirva a los propósitos de la autonomía desde lo comunal, reconstituyendo lo decolonial después de 50 años de globalización y 500 años de modernidad. Esta nueva mirada es inspiradora para quienes se han interesado por el Diseño como saber disciplinar, pero también para poblaciones y comunidades de Colombia que nos enseñan un hacer y un senti-pensar con la tierra, en palabras del mismo Escobar, quien viene proponiendo hace poco más 20 años, nuevas formas de pensarnos en las diferencias, develando, en sus trabajos de campo, aquellas que reelaboran subjetividades más allá de las dominaciones de variada índole. La estructura del currículo de un Diseño, en esta perspectiva transformadora, debe posibilitar la percepción activa desde el pensamiento crítico, el aprendizaje contextual y la ampliación de las capacidades cognitivas de los estudiantes para comprender mejor el mundo.

En este sentido, los currículos deberían apostarle a un programa de formación en Diseño que tenga la capacidad de generar (Londoño, 2010):

  • Visión de futuro. El diseño debe impactar, de una manera efectiva, en la toma de decisiones, en la capacidad de hacer cambiar el punto de vista de las cosas para, de esta manera, mejorar o alterar costumbres establecidas.
  • El diseño le apuesta a la universalidad y por tanto es para todos. Ello significa que en sí mismo representa los valores plurales y diversos de una sociedad, porque en él se dan cabida las formas de ser y los pensamientos políticos de una comunidad. o Participación. El Diseño fomenta la interacción y ella va acompañada de un compromiso por desarrollar una acción que compromete al sujeto con su entorno físico y natural.
  • Conexión. Los procesos de Diseño deben tener la capacidad de unir a las personas en una comunidad, a través de pensar en objetivos comunes de mejoramiento. Una solución compartida es una problemática resuelta que beneficia a un mayor número de personas.
  • Un buen proceso de Diseño debe permitir el debate y suscitar discusión con el objeto de ampliar los límites de sus particularidades.
  • El Diseño mejora la calidad de vida de las personas e incrementa su conocimiento del mundo. Así, los objetos que nos rodean deben ser parte de un ecosistema de conocimiento que ayudan a reconocer nuestra realidad y transformarla.
  • El carácter experimental e innovador de un producto de diseño posibilita entrecruzar lenguajes diversos que nos llevan a alcanzar narrativas ideales para expresar nuevos retos. Los objetos pueden sugerir mensajes complejos que determinan rutas de comportamientos o acciones políticas para el mejoramiento de las problemáticas del contexto.
  • Comunicación. A la vez que es complejo, el diseño debe ser claro en su funcionalidad sin renunciar a sus particularidades culturales. En este sentido, los objetos deben poder comunicar sobre su propio desempeño, sin renunciar a informar sobre las dinámicas globales de la sociedad.
  • El Diseño es prospectivo porque permanece y trasciende los estilos y las modas temporales. Y es sostenible, porque toma en cuenta el tiempo, sin perjudicar al ser humano y al medio ambiente.
  • Un buen Diseño es generativo porque sus componentes integran los continuos avances de las tecnologías, con los principios estéticos y organizaciones del diseñador. Y es holístico porque tiene la capacidad de generar integralidad en tanto se compone de elementos necesarios que involucran forma, función y significado. Si alguna de esta triada falta, el objeto será incompleto. Para lograr lo anterior, los procesos de formación deben incentivar la investigación como elemento fundamental que permitirá profundizar en la naturaleza y la práctica del diseño, desde perspectivas interdisciplinarias, interculturales e intergeneracionales.

El estudio del diseño a partir de la investigación, brinda herramientas para conocer su historia, su evolución, sus teorías críticas, el desempeño profesional y sus exigencias de carácter global y local en el complejo mundo de la sociedad de la información. Como base teórica del diseño, la investigación permite observar las diversas vertientes de su desarrollo en un contexto determinado, para potenciar indagaciones en torno a nuevas búsquedas.

En síntesis, el Diseño es y debe seguir siendo, un instrumento de cambio, una disciplina que tiene la capacidad de transformar, de fomentar el aprendizaje social y la ampliación de las capacidades cognitivas del ser humano. El Diseño, vinculado a la ciencia, la tecnología y a la sociedad, debe permitir explorar temas relacionados con la co-creación, la sostenibilidad o la virtualidad aplicados a las dinámicas y necesidades de un territorio. La experimentación, ligada a la investigación, abre el camino para reconocer estas nuevas perspectivas del Diseño.

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